Call boys: los chicos de renta en Japón

Durante mi viaje a la tierra del sol naciente descubrí una actividad que, a simple vista, parece tan normal y monótona pero hablar de ello aún resulta ser un tabú.  

En primer plano tenemos al río Dotonbori, ubicado en el corazón de Osaka, que nos proporciona una vista a la ciudad moderna que convive armoniosamente con lo tradicional de un barrio atestado de extranjeros y locales.  Sin embargo, entre las calles aledañas al hermoso río se oculta un misterio que ya no es tan secreto entre la sociedad japonesa: los clubs de citas.

Estos establecimientos fueron diseñados para mujeres, a causa de un creciente desinterés por parte de ellas y en general por la sociedad, por entablar relaciones “serias o duraderas” y donde el amor  ya no son parte de los proyectos de vida tanto en  hombres como en mujeres. En una sociedad tan hermética pero a la vez abierta a los temas sexuales, las mujeres japonesas necesitan un escape en su vida cotidiana, un respiro que les permita seguir viviendo sus pesadas y competitivas vidas profesionales.

De camino por la orilla del río Dotonbori, entre las luces neón de los extravagantes anuncios y espectaculares, llama mi atención uno en particular que decora un edificio de 5 pisos. En él se anuncia un famoso club de citas para mujeres el cual dejaba ver su menú principal, es decir a los chicos que trabajan en este lugar, jóvenes guapos y bien arreglados. Se notaba que tenían una buena producción en su estética personal, algunos de ellos portaban trajes mientras que otros, notoriamente más jóvenes, vestían con ropa más casual, a la moda con un marcado estilo japonés. Eso sí, siempre están dispuestos a atender amable y gentilmente a sus invitadas.

En un país como Japón, en donde tener una conversación casual sobre sexo aún puede ser tabú, me sorprendió al ver esta clase de publicidad en las calles, tiendas y centros comerciales. Me dejó estupefacto. Un claro ejemplo de ello fue mi visita a un tienda de 5 pisos muy famosa en el área de Dotonbori y Namba, su nombre Don Quijote más allá de la tienda y sus atractivos fue sorprendente encontrar en cada piso publicidad de al menos 3 clubs distintos que ofrecen servicios de acompañantes para mujeres. Intrigado me dí a la tarea de averiguar más sobre este tema, así que me reuní con una  amiga japonesa para conocer todo lo que rodea a estos clubs. ¿Son legales? ¿Es un prostíbulo de chicos bien arreglados? Fueron algunas interrogantes que rodearon mi mente.

“Los clubs para rentar chicos son muy comunes, ellos no están obligados a tener sexo, no es un prostíbulo. Sin embargo, si las clientas lo solicitan puede pasar”, me dijo mi amiga Megumi, quién vive en Osaka cerca de la zona de Dotonbori.

La respuesta de mi amiga solo me intrigó más, entonces decidí ir más a fondo. Recorriendo las calles de Namba di con una calle llena de estos clubs donde la principal atracción eran sin duda los anfitriones: jóvenes japoneses de entre 25 a 32 años, bien parecidos y muy bien arreglados. Con un look muy al estilo rockstar japonés, con chamarras de cuero y extravagantes accesorios, además de peinados un tanto estrafalarios.

La periodista, Christiane Amanpour, viajó a Japón para conocer el amor en aquel país, y se sorprendió al saber que los chicos se rentan para complacer a las mujeres evitando tener sexo. La serie se titula: Sex & Love Around The World

¿Cómo rentar a un hombre japonés?

Para empezar la entrada a extranjeras está prácticamente prohibida a menos que sean ciudadanas con visa mayor a 6 meses.  ¿Por qué? la respuesta es simple, los anfitriones deben crear un vínculo emocional con sus clientas, no se trata de solo llegar y tener sexo, por ahí no va el negocio. Es mucho más complejo,  se trata de crear una relación de dependencia dónde las mujeres continúan frecuentando estos lugares tras la primera visita para ver a su chico,mientras ellos las atienden y claramente ellas gastan miles de yenes en servicio y tragos, de esta forma seguirá siendo un negocio rentable más allá de solo ofrecer sexo casual.

Con una cuota inicial, algo así como un cover, que tiene un costo de 3,000 yenes (550 MXN) que te permite acceder al club durante  90 minutos (esto no incluye servicios de acompañante, ni bebidas, es solo para entrar). Una vez dentro el siguiente paso es elegir a tu compañero, algo así como ver el menú: en la entrada se puede apreciar las fotos de los chicos y un ranking en el cual se puede observar a los mejores chicos del mes. Este ranking se integra por aquellos que generaron grandes cantidades de ventas, esto hablando en el número de copas y botellas de bebidas que logran venderle a sus clientas, por lo tanto el listado no se trata de cuantas clientas atiendan durante ese mes.

Los precios por el servicio de los chicos varía según su posición en el ránking y pueden costar hasta 10,000 yenes (1800 MXN) por hora.

Dichos clubs tienen tanta fama y popularidad que existen cadenas que ofrecen servicio en varias ciudades de Japón bajo una misma marca, un ejemplo de ello es el AIR GROUP el cual tiene presencia en Osaka, Tokio y Yokohama.

Por otra parte hay algo que estos clubs ocultan que no se dice explícitamente pero se es bien sabido. Existe otra cara de la moneda y es precisamente el sexo casual. Hay un servicio que no se dice en voz alta, en donde estos chicos son contratados para satisfacer las necesidades de sus clientas en diferentes estados sentimentales: mujeres solteras o casadas, que van en busca de complacerse a sí mismas y romper algunos tabúes de la propia cultura.

A estos jóvenes se les conoce como Call boys. No solo trabajan en clubs, pueden ofrecer sus servicios en redes sociales y pequeños anuncios. Son citados en algún hotel y sus honorarios son cubiertos por hora; chicos que decidieron ejercer el oficio más viejo de la humanidad por placer y algunos varios por necesidad.

En una sociedad como la japonesa, los tabúes se van rompiendo a pasos agigantados donde el placer no va ligado al sexo y donde el sexo es ofrecido no solo por las mujeres.Aquí son las mujeres quienes deciden y eligen por quién serán acompañadas para satisfacer sus diferentes necesidades, aunque eso les cueste algunos miles de yenes.

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