Los Ainu: la tribu autóctona japonesa

Japón cuenta con una historia de las más antiguas del mundo. Sin embargo, hay temas sensibles para la sociedad japonesa que prefieren mantenerse internamente, como sus raíces ancestrales, en este caso los Ainu.

A pesar del desarrollo económico y tecnológico del país, hay japoneses que continúan con los legados de sus ancestros y buscan ser reconocidos en una sociedad de primer mundo.

Te hablamos del caso de los Ainu (“humano” en el idioma ainu), una tribu de origen étnico ubicada en Hokkaido y el norte de Honshu. 

En la actualidad, son una minoría en la sociedad japonesa (aproximadamente 12 mil 300 miembros) y pasaron circunstancias difíciles para mantener su autenticidad desde la restauración Meiji. 

Con los años y la introducción de la modernidad, este grupo se  vio forzado a abandonar sus costumbres así como sus tradiciones para integrarse al resto de la sociedad nipona.

De las pocas personas que preservaron sus raíces Ainu, aún continúan en esta ardua lucha por ser aceptados. 

Imagen obtenida de Creative Commons, Autor: Torbenbrinker

 

Características Ainu

 

Las características físicas de esta tribu son: el cabello ondulado y ojos de color claro, una altura superior a la media de la población japonesa. Asimismo, tienen una mayor cantidad de vello corporal (los hombres llevan largas barbas y bigotes).

Otra característica peculiar es que no tienen los ojos tan rasgados como la mayoría de los japoneses.

La creencia de la tribu es animista, es decir, todo en la naturaleza tiene un espíritu divino. Este sistema es a través de un orden en que el papel más importante es la tierra, prosiguiendo el fuego, las montañas, el mar y todo lo demás. 

Las celebraciones son dirigidas por el jefe de la tribu y constan de libación del vino, rezos en voz baja. También se hace la ofrenda de palillos de sauce con virutas de madera pegadas.

Imagen obtenida de Creative Commons, Autor desconocido

 

Los Ainu y sus derechos

 

Aunque el parlamento japonés creó el 6 de junio de 2008 una resolución en la que se reconoció a los Ainus como «un pueblo indígena con su propia lengua, religión y cultura”, los Ainu rechazaron esta ley debido a las inconsistencias.

Ante esto Yuji Shimizu, (de 78 años, presidente de la Asociación Ainu Kota) argumentó en una entrevista a medios japoneses que la ley impuesta por el gobierno eran solo palabras.

“Es una ley deplorable (…). Para mí solo es una resolución vacía que no refleja los intereses de los Ainu”, dijo Shimizu.

Los Ainu consideran que el gobierno japonés quiere explotar la imagen de tribu autóctona para fomentar el turismo en el país, antes que apoyarlos y ver realmente las necesidades de este pequeño grupo.

Hasta la fecha los Ainu son reconocidos por la sociedad japonesa pero no aceptados completamente. Se consideran desprotegidos y sin ningún sistema de derechos que salvaguarden su integridad.

 

Representación Ainu en producciones japonesas

 

La princesa Mononoke

En la película La princesa Mononoke del director japonés Hayao Miyazaki, el protagonista, Ashitaka, es un príncipe Ainu.

Este príncipe contrae una maldición luego de que su aldea sufriera de un ataque por un Tatarigami, un demonio surgido de la ira de un dios jabalí llamado Nago. 

Durante las primeras secuencias de esta película se puede apreciar parte de la cultura Ainu en vestimentas y arquitectura principalmente.

Ashitaka

 
Kotan no Kuchibue

Kotan no kuchibue (Mikio Naruse, 1959), es una trama que desarrolla el conflicto entre un grupo de Ainus que viven junto a residentes japoneses.

Yurasarezu Mono

Por otro lado, en Yurusarezu Mono, el protagonista es viudo de una mujer Ainu, sus hijos son mestizos. Aparecen varias escenas donde se ve la problemática relación que mantienen los japoneses con el pueblo Ainu. 

Cada una de estas películas representa una parte importante de los aborígenes del país del sol naciente. 

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La tribu Ainu simboliza la fuerza y lealtad de una pequeña región que tiene mucho que aportar desde tradiciones hasta valores. Es por eso que lejos de ser olvidada debe ser resguardada y aceptada por la sociedad japonesa, ya que forma parte de la gran riqueza cultural que posee Japón. 

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