México y Corea del Norte: ¿Cómo entender la expulsión del embajador norcoreano?

Embajador norcoreano Kim Hyong-gil acompañado de personal diplomático norcoreano frente a la embajada de la RPDC en México

En K-magazine entendemos que los temas que rodean a Corea del Norte también son un punto de interés que debemos trabajar para que cada uno de nuestros lectores entienda la situación política, económica y social que gira en torno a ella. Los invitamos a leer esta serie de análisis que acontece a la expulsión del embajador norcoreano en nuestro país y comprender mejor porqué suceden este tipo de acciones.

Mientras que la tempestad natural agobia a este lado del mundo, el noreste asiático es escenario de las ya rutinarias pruebas de misiles y nucleares norcoreanas; así como de los ejercicios militares conjuntos por parte de Estados Unidos y Corea del Sur en la frontera que divide a las dos Coreas.  

Dicha situación parece tomar cada vez más protagonismo internacional, primero, a raíz de los dimes y diretes entre el presidente estadounidense Donald Trump y su homólogo norcoreano Kim Jong-un y después, por las varias reacciones de la comunidad internacional ante dos acontecimientos: la prueba del misil de mediano alcance Hwasong-12 de Corea del Norte, que sobrevoló la parte norte de Japón a finales de agosto, detonando las alarmas del país y ocasionando un gran escándalo; así como  el temblor de 6.3 grados en la escala de Richter que evidenció otra prueba nuclear, para sumar 6 a las ya realizadas por el régimen.

Kim Jong-un inspecciona una bomba de hidrógeno

Lo que encendió focos rojos entre los países vecinos fue que en esta ocasión, la prueba nuclear no fue atómica como las anteriores, sino presumiblemente de hidrógeno y aproximadamente de 5 a 6 veces más potente que la prueba del año pasado, una bomba termonuclear de dos etapas tan minimizada y en forma de cacahuate que según afirma el régimen norcoreano ya puede ensamblarse y por lo tanto ser lanzada desde alguno de los misiles de diferentes alcances que tiene el régimen.

¿Qué significa esto? Sencillo, esta prueba termonuclear ha confirmado las capacidades tecnológicas del país, que se ha unido a países que tienen la bomba de hidrógeno como Estados Unidos, Rusia, China, Francia, India, Pakistán e Israel lo que demuestra que Corea del Norte es, aunque no se acepte por la comunidad internacional, una potencia nuclear. Dicho estatus sirve de disuasión para los países vecinos y a su vez es parte de la creciente militarización en el noreste asiático.

Kim Jong-un y esposa en una de las celebraciones por la sexta prueba nuclear.

Con el mejoramiento de sus capacidades nucleares, pareciera que los seis sets de sanciones impuestos por el Consejo de Seguridad de la ONU desde la primer prueba nuclear de la Republica Popular Democratica de Corea (RPDC) en 2006 hasta ahora han fracasado en detener su carrera armamentista, que insiste es de carácter defensivo  y a través de la continuidad del armamentismo con mayor incidencia incluso que en años pasados, el régimen encabezado por Kim Jong-un proyecta el mensaje de  que su nuclearización es innegociable e imparable.

Toda sanción por parte del órgano más poderoso de las Naciones Unidas debe acatarse por los estados miembros y a Corea del Norte se le ha sancionado en múltiples ocasiones a razón de sus pruebas de misiles y ensayos nucleares, los cuales son calificados como riesgos para la paz y seguridad internacional.

Votación en el Consejo de Seguridad sobre Corea del Norte

Con el paso de los años, así como gracias a los desacatos tanto de la RPDC como de algunos países que continúan teniendo relaciones comerciales e incluso militares con el régimen, las sanciones se han endurecido cada vez más, al grado de ser las mas duras de la historia. Dichas medidas obligatorias se centran en impedir que personas y organizaciones norcoreanas con relación al armamentismo del régimen viajen por el mundo y realicen negociaciones de cualquier índole en el exterior. Últimamente se ha presionado para sabotear cualquier actividad comercial entre la RPDC y el exterior, así como para que los países miembros reduzcan el número de personal en misiones diplomáticas y puestos consulares de Corea del Norte instalados en sus territorios.

Estados Unidos, como miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU y como pieza fundamental de la estructura de las relaciones internacionales en el noreste asiático (hay que recordar que este país tiene bases militares en Corea del Sur y Japón, con miles de efectivos así como armamento) ha sido el principal promotor y gestor de las sanciones; además de ser uno de los que vigila que otros países cumplan con las resoluciones de dicho órgano de la ONU. La administración Trump no ha sido la excepción y desde hace meses ha estado cabildeando para que los miembros de la ONU suspendan relaciones diplomáticas y comerciales con el régimen o bien reduzcan de manera significativa el número de trabajadores norcoreanos en sus países.

Nikki Haley, embajadora de los Estados Unidos ante la ONU

Poco después del encuentro entre Vladimir Putin y Donald Trump en Hamburgo, Rex Tillerson, Secretario de Estado estadounidense, mencionó que “Peaceful Pressure” era la política de Estados Unidos hacia Corea del Norte. Ésta tiene como objetivo forzar a los norcoreanos a regresar a la mesa de negociación sin precondiciones mediante el aislamiento de Pyongyang. Esto se planea lograr convenciendo a aliados estadounidenses para que suspendan sus relaciones con Corea del Norte, pero sobre todo, cambiar la perspectiva de Rusia y China, pues estos países consideran que la única forma de que Pyongyang negocie es dando concesiones mutuas.

Durante su gira latinoamericana en agosto, Michael Pence, vicepresidente estadounidense, solicitó a los gobiernos de Chile, Brasil, México y Perú romper relaciones políticas y económicas con Corea del Norte con el fin de aislar al régimen.

Michael Pence en su gira por latinoamérica posa con la presidenta de Chile Michelle Bachelet.

¿La decisión de México tiene un argumento razonable?

Este año, países como Malasia, EspañaFilipinas, Perú y México han tomado medidas que oscilan entre reducirle personal a empresas y embajadas del régimen, hasta suspender relaciones comerciales y expulsar al embajador norcoreano de su país.

En el caso de México, el jueves pasado,  la Secretaría de Relaciones Exteriores comunicó  cinco puntos que hay que tomar en cuenta:

  • En primer lugar “en los últimos meses” la RPDC ha cometido flagrantes violaciones al derecho internacional y a las resoluciones del Consejo de Seguridad de la ONU al realizar ensayos nucleares y lanzar misiles con tecnología balística de largo alcance.
  • Calificó a la actividad nuclear de la RPDC como un grave riesgo para la paz y seguridad internacional así como una amenaza creciente para las naciones en la región, que incluye aliados fundamentales para México como Japón y Corea del Sur.
  • También se informó que por instrucciones del presidente se incluyó en el Diario Oficial de la Federación que las dependencias cumplieran plenamente las resoluciones del Consejo de Seguridad.
  • En cuarto lugar, como “acción diplomática” se denominó al embajador de la RPDC en México como persona “non grata” para expresar al gobierno norcoreano absoluto rechazo a su creciente actividad nuclear, dándole un plazo de 72 horas (3 días) para abandonar el país.
  • Por último, se reiteró el respaldo a la labor del Consejo de Seguridad para alcanzar la desnuclearización de la península coreana y asegurar el mantenimiento de la paz y la seguridad internacional, exhortando al organismo a actuar de forma unida para resolver la crisis actual de manera pacífica.

No es la primera vez que México acata las medidas del Consejo de Seguridad con respecto a Corea del Norte. Ya lo hizo una vez en 2014 con el buque norcoreano Mu Du Bong, que encalló por choque con arrecifes de coral en playas de Veracruz. Después de pagar la multa por el daño ambiental, la embarcación se disponía a continuar su rumbo pero las autoridades mexicanas lo confiscaron por estar relacionado con una de las compañías listadas entre las sancionadas por el Consejo de Seguridad, aunque Corea del Norte lo negaba. Al final, la tripulación fue repatriada a la RPDC y la embarcación declarada abandonada para después ser destruida

A lo largo de 2016, México redujo el número de funcionarios diplomáticos autorizados en la embajada de la RPDC, mientras que este año México no acreditó a un embajador para Corea del Norte. Sin embargo, con las medidas del pasado jueves 7 de septiembre, México se convirtió en el primer país latinoamericano en expulsar a un embajador norcoreano calificandolo de persona non grata como expresión de rechazo a la reciente actividad nuclear de Pyongyang. Esta medida, si bien legitimada por Corea del Sur, va en contravención de los principios tradicionales de política exterior del país:  la no intervención y autodeterminación de los pueblos.

Los principios de política exterior de México han sido elevados a rango constitucional (artículo 89 fracción X) y son los siguientes: la autodeterminación de los pueblos, la no intervención, la solución pacífica de controversias internacionales, la proscripción de la amenaza o del uso de la fuerza de las relaciones internacionales, la igualdad jurídica de los Estados, la cooperación internacional para el desarrollo y la lucha por la paz y la seguridad internacional, así como las principales doctrinas establecidas a lo largo de la historia Nacional.

El mismo embajador norcoreano Kim Hyong-gil, como respuesta a su expulsión y afuera de las instalaciones de la embajada de la RPDC en México, ubicada en la colonia Anzures, enfatizó que el meollo del asunto era entre su país y Estados Unidos, no con México al declarar que “el programa nuclear de la península coreana desde el surgimiento, desarrollo, hasta las situaciones actuales, en todos los aspectos es el producto de la política de hostilidad de los Estados Unidos contra Corea del Norte y no tiene nada que ver con México”.

Así, Kim Hyong-gil, además de considerar de ignorante su orden expulsión, protestó y expresó “gran lástima” por las medidas diplomáticas bilaterales (probablemente en referencia México-Estados Unidos) tomadas por el gobierno mexicano “que profesa la política exterior soberano sin fundamento ninguno ni jurídicamente ni moralmente (sic.)”.

Embajador norcoreano Kim Hyong-gil acompañado de personal diplomático norcoreano frente a la embajada de la RPDC en México

¿Principios no tan vigentes?

En el campo del derecho internacional, un principio es una norma fundamental bajo la cual se rige la conducta de un Estado. Sin embargo, en la práctica de las relaciones internacionales –debido a la vaguedad de los principios—se interpretan de acuerdo a los intereses políticos de los gobiernos.

En el caso de México, en la época post revolucionaria se defendían con firmeza la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. Esto se debe a la experiencia histórica mexicana, pues desde la independencia, México había lidiado con la injerencia de potencias Europeas y, fundamentalmente, de Estados Unidos. El régimen nacionalista emanado de la Revolución Mexicana promovía dichos principios en el exterior para defenderse, a su vez, frente a la hegemonía estadounidense.

Sin embargo, hacia el último cuarto de siglo, el cambio de modelo económico, la llegada de tecnócratas educados en Estados Unidos a la élite política mexicana, los mayores flujos (económicos, sociales, culturales) y la (inter)dependencia más evidente con nuestro vecino del norte hicieron que estos principios pasaran a segundo término. Hoy  tienen más resonancia los principios de “cooperación internacional para el desarrollo, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales”.

Entonces, a pesar de que bajo esta administración federal los lineamientos del Estado mexicano  aún se basan en los 7 principios de política exterior marcados en la constitución, en estos tiempos el país enfoca sus objetivos de política exterior en aspectos que contribuyan “al desarrollo interior de México” y para el caso de la región Asia Pacífico se busca “consolidar a México como un actor relevante, para intensificar los flujos de comercio, inversión y turismo”. Se tiene presente que es ahí donde se encuentran cinco de los diez principales socios comerciales de nuestro país. Dos de ellos, evidentemente son Japón y Corea, los países mencionados en el comunicado del jueves.

Por esto, se puede interpretar que el gobierno actual tomó esta decisión para salvaguardar la paz y seguridad internacional, así como reafirmar su alianza con dos de los némesis de Corea del Norte, Japón y Corea del Sur, pero pasando por encima la no intervención y la autodeterminación de los pueblos. ¿Hay una jerarquía de principios? ¿Valen unos más que otros? Al final, estas discusiones nos llevarían a un callejón sin salida, por lo que conviene más evaluar las consecuencias prácticas de la decisión para la relación bilateral México-Corea del Norte y para la resolución del conflicto de seguridad en el Este de Asia, así como dilucidar las posibles razones de esta decisión.

Kim Hyong-gil con Enrique Peña Nieto en 2016

Implicaciones de la expulsión del embajador

Se debe resaltar que la relación México-Corea del Norte no es esencial ni para una parte, ni para la otra, ya sea en términos políticos o económicos, mucho menos por influencia cultural o social. El mayor peso de la expulsión del embajador podría recaer en el ámbito político. Tampoco se debe malinterpretar la situación. El declarar al embajador persona non grata no implica que se hayan roto las relaciones diplomáticas o se esté al borde de la guerra, lo que sí es que quizá sea el momento más frágil de las relaciones entre estos dos países desde que se establecieron en 1980.

La embajada y el resto del personal diplomático pueden permanecer con normalidad. Seguramente, los Ministerios internacionales de ambos países se pondrán en contacto para evitar el deterioro de la relación y, si todo avanza en la negociación, se asignará un nuevo embajador que deberá ser aceptado por México. En qué sentido avancen las negociaciones es una incógnita, pues la protesta de México condena las pruebas nucleares y balísticas que Pyongyang ha conducido, mismas que es poco probable que se detengan, al menos en el mediano plazo.

Instalaciones de la embajada de la RPDC en México

En términos económicos la relación no es tan importante como para pensar en que el distanciamiento de México afecte sustancialmente en la economía norcoreana y obligue a Kim Jong-un a suspender su programa armamentístico. Para Corea del Norte, México es su principal comprador en América del Norte, con alta concentración en piezas de computadoras pero estas exportaciones sólo representan el 0.49% de las mismas . Con el 1.3% de las importaciones norcoreanas, México también es el principal vendedor norteamericano de Corea del Norte, mayormente de petróleo. La balanza es superavitaria para México por 31.9 millones de dólares, alrededor del .01% del comercio mexicano. Es decir, de romperse todo vínculo, México perdería un cliente de muy poco consumo.

México no es un actor relevante en el problema de seguridad en el Noreste de Asia, de carácter estructural con más de medio siglo sin resolverse y sin miras a que esto pase a corto plazo. Los principales países involucrados en este fenómeno son las dos Coreas, Estados Unidos, China, Rusia y Japón. Si Rusia o China hubiesen expulsado al embajador, la acción habría tenido peso en las futuras decisiones de Pyongyang; o también, si México tuviese un rol como Japón (el cual a finales de agosto impuso sanciones a empresas con vínculos en Corea del Norte) también habría sido relevante. Si la acción no obedece a un interés de la relación bilateral (política ni económica), ni a la resolución del problema de seguridad, la decisión proviene de otro lado.

Evidentemente, México no gana con las medidas descritas anteriormente. El llamado problema nuclear norcoreano tiene ya más de 10 años (no es reciente como lo da a entender en sus primeros párrafos el comunicado de la cancillería mexicana) y lo único que ha pasado es que se ha fortalecido. Aunque los principales actores involucrados en el conflicto se siguen militarizando, la guerra a gran escala no ha ido más allá del intercambio de amenazas sin que alguna arma nuclear ni misil de largo alcance se detone contra las personas.

Así, la postura mexicana más allá de abonar a la resolución de un conflicto, sigue legitimando el discurso de autodefensa norcoreano que ve a una comunidad internacional hostil liderada por los Estados Unidos, lo que le sirve de fundamento a su creciente nuclearización.


*Sobre los autores

Cintli Cárdenas es internacionalista (UCOL) y maestra en Estudios Coreanos (Korea University).

Jorge Suárez Campero es internacionalista (UNAM) y miembro fundador del Círculo Mexicano de Estudios Coreanos.

 

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Cintli Cárdenas es Licenciada en Relaciones Internacionales por la Universidad de Colima (México) y maestra en Estudios Coreanos por la Korea University (Corea del Sur).