Reportaje: México a través de la mirada coreana

Por: Aleida Guevara y Galilea Herrera

Cuando les preguntamos a nuestros entrevistados ¿Cómo ven los coreanos a los mexicanos? nos encontramos con que la mayoría nos describen como: personas amables, cálidas y solidarias; que en comparación con Corea, tenemos la oportunidad de vivir a un ritmo tranquilo; pero ¿realmente somos así los mexicanos? Por increíble que parezca desde la mirada de los coreanos que residen en el país nosotros somos eso y mucho más: “México es mejor de lo que esperaba”, “México es un país con grandes riquezas”, “México es para mí una familia”.

En K-magazine nos dimos a la tarea de saber cómo es México desde la mirada de los coreanos que han llegado al país ya sea por intercambio académico, por turismo o porque en él encontraron un lugar para iniciar de nuevo. Entrevistamos a algunos residentes que quisieron compartir su historia y mostrar que, a pesar de la gran distancia que nos divide, hay muchos rasgos que nos unen como naciones. ¿Quieres saber qué es lo que piensan de México?

De Corea para México

Los primeros coreanos en llegar a México, y de los que se tiene registro, datan desde el año 1905, en el que al menos mil coreanos surcaron los mares desde Incheon, una de las principales ciudades de la costa norte de Corea del Sur  hasta el puerto de Salina Cruz en el estado de Oaxaca. Al llegar a tierras mexicanas viajaron en los trenes del porfiriato hasta Veracruz, para partir de nuevo en barco hasta el puerto de Progreso en Yucatán, donde finalmente el grupo se asentó en las haciendas henequeneras.

Choi Hee Jung, profesora de coreano

Fue ahí donde la fusión entre ambas culturas comenzó. Actualmente, hay cerca de 12 mil surcoreanos que residen a lo largo y ancho del país. Una de ellas es  Choi Hee Jung (최희정), profesora de coreano en el Instituto Sejong del Centro Cultural Coreano en México, quien llegó por primera vez al país en 1996 para recopilar información para su maestría en Historia de México y a la par estudiar español en el Centro de Enseñanza para Extranjeros (CEPE) en la UNAM.

No fue hasta 1998 cuando Hee Jung pudo establecerse formalmente en el país, en el que tiene cerca de 19 años viviendo; para ella México es sinónimo de  “gente amable, más inocente, pero con un desarrollo económico más bajo que el de Corea”.  Una de las primeras barreras a las que la profesora se enfrentó en nuestro país fue el idioma, ya que a pesar de tener conocimientos del español, al momento de mudarse a la ciudad le resultó problemático: “aunque yo sabía español no era fluido, al principio me costó. Yo entendía más o menos pero hablarlo era otra cosa”, comentó Hee Jung.

Para la profesora Hee Jung la primera conexión entre los coreanos y los mexicanos está documentada en nuestro pasado histórico: “mis antepasados vinieron por primera vez a México en 1905, todavía estaba la colonia imperial de Japón en Corea. Ellos llegaron a buscar una mejor vida pero les resultó muy difícil”, comentó refiriéndose al maltrato que recibieron los primeros coreanos que llegaron al país para trabajar con la falsa esperanza de mejorar su vida y que terminaron siendo esclavos en las haciendas de henequén en el estado de Yucatán.

Cortesía: Irving Lee

“Los productores henequeneros idearon un plan en el cual ofrecían muy buenas ganancias, además de comida y alojamiento. El proyecto lo diseñó John Meyers, holandés nacionalizado inglés y quien sería representante de los productores para dicha encomienda. Pero el proyecto finalmente fue un engaño”, afirmó el historiador José Luis Castro, egresado de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.

Durante el gobierno de Porfirio Díaz, la producción del henequén, planta con la cual se obtenía una fibra textil, era la industria más importante de México; pues hasta 1910 se exportaban 129 mil toneladas. Para mantener esta producción fue necesaria la mano de obra extranjera, por lo cual los coreanos aparecieron en el mapa mexicano. Los trabajadores de Corea, igual que los peones mexicanos, trabajaron jornadas excesivas y sufrieron malas condiciones laborales.

Yucatán es el lazo en donde Corea y México convergen de manera significativa y de donde provienen los descendientes de aquellos primeros coreanos que pisaron suelo mexicano, los cuales  emigraron  a otras zonas del territorio cuando su labor terminó y no pudieron regresar a su tierra. En la  ciudad de Mérida, en su calle 65, se encuentra  el Museo Conmemorativo de la Inmigración Coreana a Yucatán, donde la primera asociación de esta comunidad recopiló noticias y fotografías de su llegada y de los primeros coreanos que se establecieron en nuestro país.

Irving Lee, coreano-mexicano

Irving Lee tiene 40 años, vive en Yucatán y es ingeniero Químico, él forma parte de la cuarta generación de descendientes de aquellos primeros coreanos que llegaron al territorio: “Yo soy mexicano” recalcó. Sus bisabuelos fueron los primeros en llegar a la zona y como resultado de ese mestizaje se encuentran  sus abuelos, quienes ya nacieron en México, sus papás y finalmente él. “La primera reacción de aquellos primeros coreanos al llegar a Yucatán fue de rechazo ya que no entendían el idioma por lo que no salían de las haciendas”, aseguró Lee.

La mezcla entre ambas nacionalidades tomó tiempo, pues la mayoría de los coreanos querían preservar la pureza de su origen; sin embargo, aproximadamente por el año 1910 comenzaron  surgir  los primeros coreano-mexicanos.  “Estamos lejos de la madre patria, algunos dicen que no somos coreanos o que somos mestizos. No podemos negar nuestros orígenes, pero también somos netamente mexicanos”, mencionó Irving.

Hoy en día  hay cerca de 7 generaciones de coreano-mexicanos en el estado de Yucatán con aproximadamente 3200 descendientes; en Campeche existen alrededor de 497 y en Cancún son 122, esto según los registros que se han realizado en la Asociación de Coreano-Mexicanos en Campeche. Con el pasar del tiempo muchos de ellos se han ido moviendo por el país llegando a establecerse en otras zonas como: Tijuana, Ciudad de México, Puebla y Veracruz. Incluso desde Yucatán han emigrado al extranjero siendo sus destinos principales Centroamérica y Cuba.

Lee conoce su historia y sabe de dónde viene, por lo que su principal labor dentro de la asociación es mantener viva la cultura y el idioma coreano sobre todo para todos los descendientes: “para mí es importante porque intentamos rescatar la identidad coreana aquí”.  Además de la mezcla racial, la cultura y la gastronomía se han visto influenciada por esta fusión.

La comida, una fusión cultural

Cuando los primeros coreanos llegaron a México  la alimentación fue una gran diferencia, ya que había alimentos que no se encontraban dentro de su dieta, sin embargo se fueron adaptando. Actualmente, los residentes que aún mantienen sus costumbres tienden a realizar sus alimentos tradicionales usando ingredientes mexicanos, mostrando en parte el resultado de esa fusión cultural.  

Oh Jung A, profesora de gastronomía Foto: Lucero Flores

Oh Jung A tiene 43 años y es profesora de gastronomía en el Centro Cultural Coreano en la Ciudad de México. Ella llegó al país un 28 de febrero del 2011 por invitación de su mejor amiga que residía aquí, “yo llegué en la primavera, fue una vista impresionante ver como toda avenida Reforma estaba llena de jacarandas de color violeta, muy bonitas”, recordaba la profesora.  Jung A decidió iniciar una nueva vida en el país, con un nuevo idioma por aprender.

Con aproximadamente 7 años viviendo en la Ciudad de México, Jung A ha notado algunas similitudes desde su visión como gastrónoma entre la comida coreana y la mexicana. “Cuando yo aprendí la gastronomía mexicana me pareció que había muchas similitudes, por ejemplo aquí en México usan mucho los chiles y en Corea también”, mediante la comida Jung A ha encontrado un puente que la hace regresar a sus orígenes: “usan las tortillas para envolver sus ingredientes, en Corea es igual sólo que usamos las hojas de verduras. Cuando veo esto me siento como si estuviera en mi país”.

El chile es originario de México pero con la llegada de los españoles a la región,  este ingrediente se exportó y se introdujo por Europa y Asia. “Después del siglo XVII Corea importó el chile y este comenzó a expandirse por el país. Hoy en día cualquier lugar de Corea no sé puede imaginar sin el picante” agregó la profesora Jung A.

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En esta primera parte del reportaje  la mayoría de nuestros entrevistados han reconocido varias conexiones entre ambos países, pero para otros su estancia en México se ha visto marcada por un aspecto negativo al momento de convivir en la sociedad mexicana. ¿Quieres saber a qué nos referimos? No te pierdas nuestra segunda parte de nuestro especial.

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Aleida Guevara
Egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo en la Facultad de Estudios Superiores Aragón. Mi interés por la cultura coreana surgió con lo dramas, posteriormente me interese por el K-indie y el K-pop.