El viaje de Chihiro: Una pequeña niña se enfrenta al mundo

El viaje de Chihiro tiene casi 20 años desde su estreno y aún nos sorprende e inspira cada vez que la vemos. 

El tío Netflix nos dejó un amplio catálogo de películas de Ghibli en su plataforma, algo increíble y muy efectivo para sobrevivir la cuarentena. Entre todas las películas subió uno de los clásicos más populares del estudio japonés, El viaje de Chihiro.

Ganadora al Óscar por la Mejor Película de Animación en 2003, esta historia no sólo representó la infancia de una generación, sino la oportunidad para acercar a occidente al cine de animación japonés más allá del anime. 

Una pequeña niña se enfrenta al mundo

Tenía casi 10 años, la edad de Chihiro, cuando vi por primera vez la película. En aquel tiempo aún estaba abierto el hoy extinto Palacio Chino, una sala de cine ubicada en el centro de la Ciudad de México que se caracterizaba por sus grandes paderes rojas y su decoración alusiva a la arquitectura de los edificios chinos.

No puedo pensar en un lugar más apropiado para ver una película que en aquel entonces me causó sorpresa, por ser uno de mis primeros acercamientos a la cultura japonesa, más allá del anime que se transmitía en la televisión abierta.

Recuerdo estar un poco confundida con los dioses y las cosas que ocurrían en esos baños sobrenaturales donde Chihiro queda atrapada y vive sus aventuras. Pero también fascinada por ver a una niña que como yo, estaba preocupada por enfrentarse a un mundo desconocido.

Para mí como para otros niños y niñas de esa generación representó conocer un mundo de películas más allá de Pixar y Disney, uno con paisajes de otra cultura y explicaciones diferentes a lo occidental, pero que en el fondo comparte mensajes universales como el amor fraternal, la inocencia, el proceso de crecer y que los excesos nos llevan a la destrucción.

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Lugares sagrados y mensajes ocultos

El Viaje de Chihiro retrata las aventuras de una niña que llega a un extraño lugar solitario junto con sus padres. De visita en los restaurantes abandonados, sus papás deciden comenzar a comer mucho y un hechizo mágico los convierte en cerdos. A partir de este punto Chihiro deberá aprender a ser fuerte, trabajar y resolver problemas por ella misma, si quiere salvar a sus padres. 

Aquí existe un mundo paralelo al de los humanos, uno donde las ánimas y los dioses viven sin cruzar mucho la frontera con los humanos. Son lugares sagrados, donde acciones como la avaricia, el egoísmo y los excesos se magnifican y, quienes caen en la trampa, reciben un castigo.

Para dejar claros estos mensajes, su creador, Hayao Miyazaki, propone personajes como la bruja Yubaba, una abuela a quien sólo le importa el poder y el dinero, a tal punto que no se dará cuenta cuando pierde lo más valioso que tiene. 

Los baños funcionarán como un espacio para que Chihiro se enfrente al mundo adulto, uno plagado de personajes interesados por el dinero, bastante egoístas y dispuestos a servir con tal de recibir una buena paga. 

La importancia de saber quién eres

También algo que prioriza esta historia es saber quién eres y cómo te llamas. Cuando Chihiro llega a los baños y comienza a trabajar debe cambiar su nombre, le es arrebatado. Sin él, ella jamás volverá al mundo de los humanos, es algo que debe recordar. 

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El nombre la dota de identidad, sabe de dónde viene, quiénes son su padres, sin él se convertiría perdería su origen. Tal como le pasa a su amigo Haku, un dios del río que perdió su identidad. 

Nada de lo que pasó es olvidado, incluso si ya no lo recuerdas

No podemos negar de dónde venimos, al final eso nos hace quienes somos ahora. Como Chihiro, como Haku, debemos recordar y defender nuestra identidad por sobre los espacios y las circunstancias a las que nos enfrentamos. 

***

No importa si la vieron a los 10 años, si la ven ahora que son adultos o ahora que están creciendo, Chihiro nos enseña muchas cosas sobre el difícil camino de avanzar hacia la adultez y luchar por lo que realmente cuenta, como el amor fraternal.



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